El colorado condenado por título falso no engañó a nadie. Lo sostuvo un sistema entero: el partido, el Congreso, el MEC y el gobierno. La juventud y los trabajadores tenemos que sacar nuestras propias conclusiones.
Una farsa con sello oficial
El jueves 24 de septiembre, un tribunal condenó a 8 años de prisión al exsenador oficialista Hernán Rivas por el uso de un título falso de abogado, que le sirvió para integrar y luego presidir el órgano que investiga y juzga el desempeño de los funcionarios judiciales. Los jueces concluyeron que Rivas no realizó ni aprobó el trabajo final requerido para obtener el título, y que no dejó rastros académicos, administrativos ni contables de su supuesto paso por la carrera de Derecho.
Pensemos en lo que esto significa. Un hombre que nunca estudió Derecho fue puesto por el Senado a juzgar a jueces, fiscales y defensores. En julio de 2023, Rivas usó ese título para ser designado en nombre del Senado como presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. Hasta un senador del oficialismo tuvo que admitir que el propio sistema jurídico nunca previó que alguien sin título de abogado pudiera integrar el órgano encargado de juzgar a magistrados.
No fue un descuido ni un «engaño» de un individuo astuto. Cuando la prensa ya había destapado el caso, el cartismo atropelló y reeligió a Rivas. Lo protegieron porque les era útil: votaba lo que tenía que votar en el órgano que decide qué juez se queda y qué juez se va. Esa es la radiografía más cruda del Estado burgués paraguayo: instituciones que no sirven para hacer justicia sino para administrar los privilegios de la clase dominante y castigar o premiar según la conveniencia del patrón político de turno.
Y no nos dejemos engañar por la condena. Recién en mayo pasado Rivas renunció al Senado, cuando el escándalo ya era insostenible. Y la sentencia todavía no está firme. El régimen sacrifica al peón cuando el escándalo le cuesta demasiado, pero deja intacto el tablero. Hasta la prensa tradicional reconoce que Rivas no actuó solo. ¿Dónde están los que lo nombraron, los que lo defendieron, los que lo reeligieron?
Tienen nombre y apellido. En junio de 2020, en plena pandemia, el cartismo echó del JEM a Ramón Romero Roa, un correligionario propio respetado incluso por opositores, para hacerle lugar a Rivas, con el voto de Raúl Latorre, Bachi Núñez, Derlis Maidana y Cristina Villalba. En 2021 los diputados cartistas, con Bachi Núñez a la cabeza, lo volvieron a elegir. Y en octubre de 2023, con las denuncias ya públicas, la bancada de Honor Colorado en el Senado salió a respaldarlo entre abrazos de Bachi Núñez, Beto Ovelar y Nano Galaverna. Hoy esos mismos padrinos dicen sentirse «estafados», y Ovelar hasta se queja de que no solo a ellos los engañaron, porque el título tenía aval del MEC. No fueron víctimas de Rivas: fueron sus fabricantes. Lo eligieron por lo que era, un soldado obediente al servicio de la rosca cartista, y lo sueltan ahora solo para salvar su propio pellejo.»

Los que llegan, llegan gracias al Partido Colorado»
Si alguien quiere entender por qué un Hernán Rivas es posible, no necesita leer a ningún analista. Basta con escuchar al presidente. En abril de 2023, en plena campaña y ante funcionarios de Itaipú en Ciudad del Este, Santiago Peña lo dijo sin anestesia: «Lastimosamente, hay muchos correligionarios que no entienden, que creen que los cargos que tienen son porque son guapitos, porque tienen la pared llena de títulos. Pero los que llegan a los cargos llegan gracias al Partido Colorado».
Eso no fue una «pifiada». Fue una confesión de clase. Peña explicó cómo funciona el Estado paraguayo: los cargos, los contratos, los ascensos y las oportunidades no dependen de lo que sabés ni de lo que te esforzaste, sino de a quién le debés obediencia. El aparato estatal está secuestrado por el partido gobernante, y la carrera pública se mide en lealtad, no en capacidad.
Rivas es la aplicación perfecta de esa doctrina. Para qué estudiar si el partido te da el cargo; para qué rendir si el partido te da el título. Mientras tanto, miles de jóvenes que sí estudiaron, que sí se endeudaron, que sí rindieron, reciben el mensaje del presidente: sin carnet, sin padrino y sin sumisión, tu esfuerzo no vale nada. Aquella frase provocó en su momento una ola de indignación juvenil que la vivió como una bofetada al esfuerzo de quienes estudian para ser profesionales. Tenían razón. Y no fue un error de discurso: es el programa real del gobierno.
El negocio de los cartones
El caso Rivas desnuda la doble cara del modelo educativo capitalista en nuestro país.
Por un lado, la educación superior convertida en mercado. Universidades que funcionan como empresas, con sedes que se abren como sucursales, cuotas que exprimen a familias trabajadoras, docentes precarizados que cobran por hora y carreras de calidad dudosa vendidas como pasaporte al ascenso social. El estudiante trabajador, que cursa de noche después de ocho o diez horas de laburo, paga caro por un título que el mercado laboral después le exige pero no le reconoce.
Por otro lado, el credencialismo: la ideología que nos dice que tu valor se mide por la cantidad de cartones colgados en la pared. Se exigen licenciaturas para cargos que no las necesitan, maestrías para concursos que están arreglados, doctorados para puestos que igual se reparten por afiliación. El régimen nos impone esa carrera infinita de certificados, pero en las alturas la pisotea: al amigo del poder el título se lo fabrican a medida.
Y aquí el MEC no puede lavarse las manos. El 9 de junio de 2020, el Ministerio de Educación y Ciencias registró el título de abogado de Rivas. El mismo ministerio que les exige a los docentes papeles, sellos, capacitaciones y evaluaciones interminables, que traba durante meses el reconocimiento de títulos de trabajadores comunes, le puso el sello oficial al título de un «alumno fantasma». ¿Qué funcionarios firmaron? ¿Qué controles se saltaron? ¿Qué universidad lo emitió y qué sanción recibió? Nadie del gobierno responde, porque la respuesta los involucra.
Rompamos el silencio: organización independiente y plan de lucha
Mientras la casta política se reparte cargos, títulos y salarios, la juventud trabajadora vive otra realidad. Estudiantes que pagan cuotas con salarios de hambre, que viajan horas para llegar a clases, que se endeudan para terminar la carrera y después no consiguen empleo digno si no tienen padrino. Docentes que sostienen la educación pública con salarios congelados, aulas que se caen y un MEC que los persigue con burocracia mientras protege a los amigos del poder.
El Ejecutivo guarda silencio porque su propio presidente escribió la teoría que Rivas llevó a la práctica. El Congreso lo nombró y lo reeligió. El MEC lo registró. La justicia solo actuó cuando el escándalo ya era imposible de tapar. Todas estas instituciones están atravesadas por la misma podredumbre, y ninguna de ellas va a limpiarse sola.
Por eso no alcanza con indignarse en redes ni con esperar que otro juicio «devuelva la confianza». No hay que confiar en este régimen: hay que enfrentarlo. Llamamos a los estudiantes, a los centros y federaciones estudiantiles, a los docentes combativos y a la vanguardia trabajadora a:
- Romper el silencio en cada aula, cada facultad y cada institución educativa, denunciando el caso Rivas como lo que es: un crimen del sistema y no de un individuo.
- Exigir la investigación y el castigo de todos los responsables políticos y funcionarios del MEC y de la universidad que permitieron la fabricación y el registro del título, y la revisión de las decisiones tomadas por el JEM bajo su presidencia.
- Pelear por una educación superior pública, gratuita, laica y de calidad, con fin del negocio universitario privado y control de estudiantes, docentes y trabajadores sobre las instituciones.
- Exigir el fin del clientelismo en el Estado, con ingreso a la función pública por concurso transparente y bajo control de las organizaciones de trabajadores, no del partido de gobierno.
Nada de esto lo va a conceder un gobierno que se sostiene precisamente en el clientelismo. Solo lo vamos a conquistar organizándonos de manera independiente de los partidos patronales, en asambleas, coordinadoras y comités de lucha que unan a estudiantes y docentes con el conjunto de la clase trabajadora.
Pero no alcanza con sacar a un Rivas para que entre otro. Hace falta una ruptura política profunda con estos personeros mentirosos que hoy piden disculpas después de seis años de encubrimiento, con el cartismo que los fabrica y con todos los partidos patronales que se turnan para administrar este Estado al servicio de una minoría de privilegiados. Ninguna confianza en quienes ayer los abrazaban y hoy los abandonan; ninguna confianza en un régimen que solo castiga cuando el escándalo lo obliga.
La podredumbre no es un accidente: es la forma normal de funcionar de este régimen. Por eso la salida no pasa por maquillar sus instituciones sino por un cambio radical de régimen. Solo un gobierno del pueblo trabajador y verdaderamente democrático, apoyado en sus propias organizaciones políticas y en un poder distinto, construido desde las fábricas, las aulas, los barrios y el campo, podrá erradicar de raíz el clientelismo, el negocio de los títulos y la impunidad de la casta, y barrer de una vez con toda esta podredumbre.
¡Fuera la casta colorada de las instituciones! ¡Educación pública y gratuita, no negocio de títulos! ¡Que la juventud y los trabajadores tomen la palabra! ¡Por un gobierno de los trabajadores y el pueblo!
Partido de los Trabajadores (PT) – Paraguay



