La huelga médica desnuda la profunda crisis sanitaria.
A la falta de insumos, medicinas de todo tipo, a la emergencia sanitaria por la falta aguda del cuidado de la salud, se suma la huelga de los médicos de las entidades públicas.

La lucha por una salud pública que garantice la vida se convirtió en una causa del pueblo trabajador, menos para el gobierno cartista del cachito inservible de Santi Peña.

En lo que se destacó el gobierno y la prensa y periodistas cartistas es en el ataque a la dirigencia del gremio médico. Insultos, calumnias, ataques de lo más roñoso para intentar desprestigiar la huelga de los médicos. Pero no convencen a nadie.

Ni se convencen a ellos mismos, pero les une el cinismo ilimitado, los intereses de robar a manos llenas y valerse del aparato partidario para continuar con el parasitismo y la cobertura para sus turbios negocios.

Los médicos mostraron un valor admirable y una unidad digna de imitar. Es que las condiciones laborales son de lo peor. No sólo los salarios pagos sino la precariedad general en la que se mueven y la tortura y muerte a lo que condenan a niñas, niños, adolescentes, adultos mayores y a toda la población que no puede recurrir a la salud privada.

Ahora para salvar la vida la gente vive de las rifas, de endeudarse, de llorar muertes evitables.

Los colorados sólo buscan asegurar buenos negocios para la minoría. Ya vimos a los gremios empresariales rasgarse las vestiduras lujosas exigiendo: ¡no toquen nuestros intereses ni nuestras ganancias!. Sabemos que sus riquezas crecen de la explotación y la opresión del pueblo, amparados por un gobierno a su entero servicio.

Precisamente por esto, la situación nos interpela a dar el necesario debate sobre la distribución de la riqueza en nuestro país. Es inaceptable que el Presupuesto General de la Nación siga siendo sostenido por la clase trabajadora a costa de salarios miserables y devaluados.

De una buena vez, debemos exigir que los privilegiados de siempre, aquellos que cínicamente se jactan de que ‘cada día están mejor’, asuman su responsabilidad con impuestos reales a sus ganancias.

Resulta imperioso gravar los grandes latifundios improductivos, el tabaco y la soja, de tal forma que sean ellos quienes paguen el costo de la crisis que produjeron. Ante este parasitismo y robo desenfrenado, no hay otra salida que la ruptura masiva con el modelo del gobierno cartista. Hay que hundirlos en el veneno de su propia soberbia.

Completa solidaridad con el gremio de los médicos y otros trabajadores de la salud.
Impuestos ya a la rosca empresarial y del gremio de los ganaderos y agroexportadores.
Reajuste salarial ahora e insumos y medicamentos ya. Si no, que reciban el desprecio y el castigo que se merecen, tanto los parlamentarios como los personeros del gobierno.
Hay que avanzar hacia una huelga general de todos los trabajadores de la salud del Paraguay.
Reconocimiento al coraje y valentía de los y las médicas que renuncian a sus puestos ante tan salvaje e inhumano abandono por parte de gobierno.