Contra el ajuste permanente y la transferencia de riqueza hacia los capitalistas
Por Partido de los Trabajadores (PT) – Paraguay
El gobierno de Santiago Peña anunció un reajuste del salario mínimo del 5%, elevándolo a G. 3.044.000 mensuales. Los voceros gubernamentales, los grandes medios de comunicación y las organizaciones empresariales intentan presentar este aumento como una demostración de responsabilidad social y compromiso con los trabajadores.
La realidad es exactamente la contraria.
El reajuste no constituye una conquista significativa para la clase trabajadora. Es apenas un mecanismo destinado a administrar el deterioro de las condiciones de vida de quienes viven de su trabajo mientras se preservan las ganancias de los bancos, las multinacionales, los agroexportadores y los grandes grupos económicos nacionales.
Mientras el gobierno habla de crecimiento económico, estabilidad macroeconómica y reducción de la pobreza, millones de trabajadores siguen enfrentando salarios insuficientes, endeudamiento permanente, precarización laboral y dificultades crecientes para cubrir necesidades elementales.
Un salario que no alcanza para vivir
El salario mínimo actual continúa muy lejos de cubrir las necesidades reales de una familia trabajadora.
Los estudios disponibles sobre la Canasta Básica Alimentaria muestran que una parte sustancial del salario mínimo se consume únicamente en alimentación. A ello deben agregarse gastos de vivienda, transporte, energía, agua, salud, educación, medicamentos, vestimenta y comunicaciones.
Es decir, incluso trabajando jornada completa, miles de trabajadores permanecen en condiciones de privación relativa.
Este fenómeno no es una anomalía del sistema. Es precisamente una de las formas mediante las cuales funciona el capitalismo paraguayo.
La burguesía necesita mantener bajos salarios para garantizar altas tasas de ganancia.
El engaño de la inflación oficial
El gobierno justifica el reajuste utilizando los índices oficiales de inflación.
Sin embargo, la inflación promedio oculta una realidad fundamental: los trabajadores no consumen un promedio estadístico.
Los sectores populares destinan gran parte de sus ingresos a alimentos, transporte, alquileres, medicamentos y servicios básicos. Son precisamente esos rubros los que suelen experimentar aumentos superiores al promedio general.
Por eso el reajuste basado exclusivamente en la inflación oficial termina consolidando una pérdida acumulativa del poder adquisitivo.
Cada año los trabajadores reciben aumentos insuficientes y cada año parten desde una situación peor que la anterior.
Sin control de precios, el aumento termina en los bolsillos empresariales
La experiencia demuestra que cada aumento salarial es rápidamente absorbido por nuevas remarcaciones de precios.
Los empresarios aceptan incrementos salariales limitados porque saben que luego pueden recuperar gran parte de esos costos mediante aumentos en los precios de los productos y servicios.
Por eso la lucha salarial debe estar acompañada por una política de control de precios bajo control de organizaciones obreras y populares.
No puede dejarse en manos de los mismos empresarios que especulan con alimentos, medicamentos, alquileres y servicios esenciales.
La llamada «libertad de mercado» significa en realidad libertad para que una minoría empresarial decida cuánto debe pagar la mayoría trabajadora para sobrevivir.
El mito del éxito económico paraguayo
Los organismos internacionales, el Banco Mundial, el FMI y los gobiernos neoliberales suelen presentar a Paraguay como un ejemplo de estabilidad y crecimiento.
Se repite constantemente que la pobreza disminuye y que miles de personas abandonan la pobreza extrema.
Pero estas afirmaciones se apoyan en criterios estadísticos profundamente limitados.
Una persona puede dejar de ser considerada extremadamente pobre por superar mínimamente una línea de ingresos definida por organismos internacionales y continuar viviendo en condiciones incompatibles con una existencia digna.
Desde el punto de vista de la clase trabajadora, la verdadera medida del bienestar no es una planilla estadística elaborada por tecnócratas del Banco Mundial.
La verdadera medida es si una familia trabajadora puede acceder efectivamente a alimentación adecuada, vivienda digna, salud, educación, cultura, recreación y tiempo libre.
La economía burguesa considera un éxito que una persona deje de vivir en la indigencia absoluta.
La clase trabajadora debe luchar por mucho más que eso.
El salario y la explotación capitalista
Marx explicó que el salario representa el precio de la fuerza de trabajo.
El trabajador produce durante su jornada laboral mucho más valor del que recibe en forma de salario. Esa diferencia es la plusvalía, fundamento de la ganancia capitalista.
Toda la riqueza social es producida por la clase trabajadora.
Sin embargo, esa riqueza es apropiada por una minoría propietaria de bancos, industrias, tierras y grandes empresas.
Cuando el salario no alcanza para cubrir las necesidades reales de reproducción de la fuerza de trabajo, aumenta el nivel de explotación.
Cuando además los empresarios recuperan mediante aumentos de precios lo que aparentemente conceden en aumentos salariales, la explotación se profundiza todavía más.
Por eso la cuestión salarial no es una discusión técnica entre economistas.
Es una expresión concreta de la lucha de clases.
Por una salida obrera y socialista
Desde una perspectiva revolucionaria e internacionalista, la lucha por el salario no puede separarse de la lucha contra el conjunto del régimen capitalista.
Los trabajadores necesitamos construir organizaciones independientes del Estado, de los empresarios y de todos los partidos patronales.
Necesitamos fortalecer los sindicatos combativos, las organizaciones populares y una alternativa política propia de la clase trabajadora.
Por eso el Partido de los Trabajadores plantea:
- Salario mínimo igual al costo real de la canasta familiar.
- Escala móvil de salarios: ajuste automático mensual según el aumento real del costo de vida.
- Control de precios de alimentos, medicamentos, combustibles y servicios esenciales bajo control de trabajadores y consumidores.
- Impuestos progresivos sobre las grandes fortunas, bancos y multinacionales.
- Nacionalización bajo control de los trabajadores de los sectores estratégicos de la economía.
- Ruptura con las políticas dictadas por el FMI, el Banco Mundial y los organismos financieros internacionales.
La experiencia demuestra que ningún gobierno al servicio de los empresarios resolverá los problemas de la clase trabajadora.
La única salida real pasa por la organización independiente, la movilización y la lucha por un gobierno de los trabajadores y el socialismo.
La riqueza la producimos nosotros. Que la crisis la paguen los capitalistas.


