Por Mateo Russo

Nada ha reavivado tanto la ilusión de una regeneración de la democracia esteña como el ascenso del joven intendente, electo por segunda vez consecutiva, quien se impuso por un margen considerable.

En un país donde un partido narcomafioso -como es la ANR- amenaza constantemente con recuperar su hegemonía pasada, candidaturas y campañas alternativas como “Yo creo” han sido un oasis de esperanza para el pueblo esteño, esperanza totalmente entendible por el aún bajo nivel de consciencia política, lo que lleva a que las expectativas sean infundadas y al mismo tiempo reflejo de una corta memoria política (pues esto ya se ha repetido en otros municipios como el caso de Mario Ferreiro en Asunción). A esto hay que agregar que la alienación burguesa en nuestra sociedad es potenciada por un profundo desentendimiento e idealismo respecto a la política, que a su vez es producto de la herramienta ideológica dominante.

Por estas afirmaciones no pretendo desacreditar a un movimiento en particular ni a sus semejantes, más bien exponer las relaciones de clase que saltan a luz inevitablemente y el carácter teatral y engañoso de las elecciones burguesas en todos los niveles de la superestructura estatal.

Prieto en este sentido no ha sido más que el clásico politiquero burgués, claro; al estar libre del prejuicio asociado los partidos tradicionales y canalizando las frustraciones de la población esteña por medio de populismo barato, aprovechándose de su carisma y buen uso de las redes sociales, ha podido distanciarse de manera superficial de las prácticas que comúnmente la gente asocia a los partidos tradicionales.

Por supuesto, esta máscara se cae con facilidad al mínimo escrutinio de su administración; la cual no sólo ha incumplido formalidades en múltiples licitaciones (cuestión que ha ocasionado roces de público conocimiento con la DNCP[1]), sino que ha  decepcionado en su manejo del fondo correspondiente al FONACIDE[2] (lo cual es particularmente evidente y grave). Sobre lo último mencionado mucho se ha escrito por lo que no entraré en detalle al respecto.

Lo que sí vale la pena recalcar es que el pueblo trabajador esteño no se ha beneficiado de su administración en lo más mínimo, y de hecho la idea errónea de que su ascenso implica la llegada de una democracia real para la mayoría, ha hecho más daño al mismo que otra cosa ¿Es esto causa de que Prieto sea un mal intendente? No, incluso si las irregularidades mencionadas no existieran y fuera el candidato pequeño burgués ideal que el sector a quien representa afirma que es, todavía no significaría nada para la clase trabajadora esteña, pues al no tener su candidatura un origen explícitamente clasista termina siendo un títere de los patrones quienes financian su campaña.

Lo cierto es que los reclamos más sentidos de los sectores más vulnerables de la sociedad esteña; los niños que asisten a escuelas públicas, los asalariados, la gente de origen indigena expulsada de sus tierras quienes vagan sin rumbo por nuestra ciudad, el trabajador informal que depende de la venta diaria de sus productos o servicios para subsistir entre otros;  llegarán a oídos sordos una vez más. Pues Prieto no está ahi para ellos, está ahi para mantener una estructura opresiva de explotación bajo el mismo cuento de “fomentar la inversión extranjera y crecimiento económico de la ciudad”, el cual es vendido a la clase trabajadora como algo positivo pero implicará mayor desplazamiento de los trabajadores informales y precarización laboral para los asalariados.

La respuesta a estas contradicciones no se encuentra en el electoralismo, hay que comprender que cuando se elige entre burgueses (capitalistas), uno nada más cambia de patrón; la verdadera forma de que la clase trabajadora esteña y los demás sectores oprimidos logren detener el avasallamiento de sus derechos y comenzar a hacerse respetar es por medio de la organización y la lucha colectiva de base tanto en el ámbito legal e institucional, como en las calles a través de la lucha directa; primero por lo que les corresponde en con sus reivindicaciones específicas y finalmente por la hegemonía política en sí misma, bajo la bandera de la revolución proletaria internacional.

[1] Dirección Nacional de Contrataciones Públicas.

[2] Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo.