El informe leído días pasados por el Presidente Mario Abdo Benítez ante el Congreso Nacional, además de estar cargados de un discurso demagógico, evadió las escandalosas situaciones de corrupción y la negligente política de conjunto ante la crisis sanitaria y socioeconómica, pero esto no debería ser motivo de asombro alguno.

Resulta de una candidez pueril esperar autocriticas en el informe presidencial, a lo sumo, pudo Abdo realizar un discurso más equilibrado, sin loas absurdas a la gestión gubernamental y ubicarse desde los padecimientos de la población ante la crisis que se vive y que se profundiza, más no sea para trilladas y vacuas promesas de cambios.

La prensa empresarial colocó el foco en la ausencia de palabras ante los hechos de corrupción que salpican la administración actual, la baja ejecución presupuestaria en materia de salud, así como la falta de gestión para reactivar efectivamente la economía, entre otras cuestiones.

¿Qué es lo que en realidad debe preocuparnos?

El análisis que debemos hacer entre todos no gira en torno a qué dijo o dejó de decir el presidente. Lo que debe ocupar nuestra atención es la dirección y la profundidad de las medidas políticas del gobierno en un contexto harto difícil para el pueblo trabajador y pensar en la salida a esta crisis.

Hay varios hechos que debemos atender para saber hacia dónde se dirige el gobierno y con qué fuerzas cuenta para ello. El ejecutivo sigue adelante con sus planes de ajustes contra el pueblo en consonancia con los intereses de la burguesía nacional y el capital financiero internacional.

La crisis sanitaria fue un aditamento inesperado que fue hábilmente utilizado en provecho del plan de gobierno; este tiene como característica continuar una orientación que no fue parida precisamente con la administración de Abdo, sino que resultó ser la continuidad sinuosa de una fracción burguesa del coloradismo que nunca terminó por acomodarse por las disputas internas.

Esta política de ajustes y privatizaciones se va agravando por el endeudamiento meteórico en el que estamos inmersos y que ya supone más del 35% del PIB. Esto significa en los hechos recortes presupuestarios, mayor precarización, cercenamiento de derechos y en consecuencia un rebaje brutal en los niveles de vida y subsistencia de la clase trabajadora. A todo ello debemos sumar la crisis sanitaria que hasta ahora se mantiene bajo un control relativo, pero sin previsiones que ella vaya a continuar calma, más aún considerando el débil pertrechamiento del sistema de salud público.

La reforma estatal busca dar forma a un plan preconcebido y que se delinea en la mejor manera de quebrar de una vez y por todas los derechos laborales adquiridos en el sector público, los cuales la prensa burguesa se encargó de equiparar a los funcionarios privilegiados del Estado. En los hechos, parte de la reforma está encaminada por los recortes que ya suponen el próximo Presupuesto General de la Nación.

No se puede subestimar a este gobierno, que tras nacer con una debilidad marcada, sobre todo por sus enfrentamiento con el cartismo, está en mejores condiciones de llevar adelante sus planes en acuerdo con la facción de Honor Colorado con quien en lo principal limó asperezas, de allí que cargos importantes en el tablero político sean piezas claves del patrón, algunas mantenidas como la Fiscal General, el presidente de Diputados y otras nuevas como el actual presidente de la Cámara de Senadores, miembros de la Corte, entre otros. La operación cicatriz dio sus frutos.

La prensa empresarial al servicio del gobierno

La mayor parte del engranaje de la gran burguesía nacional está en armonía con los planes de Abdo. La prensa burguesa sólo ataca la corrupción de manera selectiva, colocando a los impresentables de lo más fundido de la política como los principales responsables de la misma. Como si entre estos y los empresarios del sector privado no existieses nexo alguno, colocando escándalos de menor cuantía como los más groseros. Sin embargo, obvian los verdaderos bocados del león que son engullidos por el empresariado nacional en los grandes negocios con el Estado.

La prensa no se hace eco de los hechos de corrupción que ligan al sector privado, pues ello deslegitimaría el discurso de la necesidad del capital privado en áreas estratégicas del Estado. Es por este motivo que los grandes medios colocan como lo central la corrupción de ciertos políticos como el mal de todos los males causante de nuestras desgracias y con ello desvía la atención de la mayoría sobre los problemas centrales que permiten que exista esa forma en la que se expresa una parte de la corrupción, pero que no es toda.

¿Qué respuestas debemos tener el pueblo trabajador?

El 22 de junio pasado algunas de las centrales obreras, organizaciones sociales y políticas realizaron una enorme movilización de carácter nacional. Fue un golpe que acusó el gobierno, pero insuficiente para derrotar sus planes.

Nosotros debemos abonar el camino de la lucha por un plan de acción en el seno del movimiento obrero, campesino y estudiantil. Debemos pelear por acumular fuerzas y ayudar a fortalecer a las organizaciones en los marcos de un programa de masas, buscando la mayor unidad de acción y evitando las disputas puramente faccionales y prestigistas, propias de las camarillas y de los aparatos y ajenas a la clase trabajadora.

Esto no quiere decir que no pongamos atención a cómo llevar adelante la unidad de acción de todo el pueblo trabajador, que debe tomar especial atención sobre los representantes de sus demandas, habida cuenta que en la unidad de acción se convive coyunturalmente con diversos sectores, dirigentes que no tienen entre sus antecedentes el actuar consecuente, clasista y combativo y que se suman al tren de la lucha por oportunismo o buscando sacar alguna tajada de darse la ocasión.

La tarea es volver a impulsar un pliego de denuncias de todos los sectores golpeados por la crisis, sea sindical, de mujeres, juvenil, ambiental, así como la pequeña burguesía y llevar la lucha política hacia los intereses de la clase obrera a los distintos movimientos del pueblo trabajador para volver a salir con fuerza en las calles. Debemos poner en perspectivas la posibilidad de realizar una Huelga General hasta derrotar los planes neoliberales del gobierno.

Tenemos que concebir las tareas trazadas con el objetivo que exceden a frenar al gobierno y sus medidas y hacer avanzar a la clase obrera hacia su verdadera independencia política. Es por ello que urge discutir entre las organizaciones obreras y populares un programa de gobierno alternativo, un programa que ponga el Estado al servicio de la clase trabajadora y el pueblo, un programa de gobierno que defienda el patrimonio y la soberanía nacional en función a los intereses de nuestra clase. Esto sólo podrá ser posible con un gobierno de los trabajadores.

Desde el Partido de los Trabajadores nos ponemos a disposición de llevar adelante esas tareas defendiendo siempre la estrategia de que la única salida para nuestra clase es la de un gobierno obrero, revolucionario y socialista.

Comité Ejecutivo Nacional

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